viernes, 4 de junio de 2010

Corcubión




Tenemos el restaurante en Muros de los cinco caballitos de mar de la guía Beneteau: El Fuxo Luxo (o Luxo Fuxo, la propiedad transitiva del restaurante es una de sus principales características). Pidas lo que pidas vas a poner los ojos en blanco de placer, eso si nunca, y queremos decir nunca, te comas una guindilla. Si lo haces, la palmas. Te peta la patata que diría Juan Ariza. Se te hincha la lengua hasta parecer una masa informe de erizo de mar más ardiente que la lava virgen del Krakatoa. Salvo ese nimio detalle y la incontenible verborrea del camarero, el restaurante es uno de esos secretos que no has de compartir ni publicar en un blog...
Lento y magnífico llega el guardacostas muy pronto en la mañana. Los marineros van agrupándose en torno a sus barcos y rápidamente el puerto entra en actividad. La fábrica de hielo parece sacada de la isla de los mosquitos con su tubería de dispensación directa a los buques y su decrépito y desvencijado aspecto. Simplemente adorable.
Parte el pesquero al que estábamos abarloados con mejillones dentro. Con sus bigotes de chef nos despidió moviendo el rabo como el auténtico rei dos canes palleiros.
Una mar oscura y un cielo gris y plomizo enmarcan nuestra salida de la ría de Muros. La travesía hacia Fisterra continúa.
Si hay una palabra que defina la navegación por estas aguas es no es otra que piedra.
Sea cual fuere tu derrota, te encontrarás con ellas: Leixoes, los Bruyos, Miñarzos, Meixidos, Lobeiras, Carrumeiros...la costa Galega en su estado más puro.
Los pilotos del Maite no perdieron ni por un momento el foco y la nave sorteó los obstáculos sin percance alguno, ajena al canto de sirenas que provenían de las rompientes olas.
Llegar a Fisterra no es cualquier cosa, no se puede hacer sin antes rendir pleitesía a las fuerzas vivas del averno remontando la vertiente norte de la ría cual vikingos en sus drakkars hasta abordar el muelle en las fauces del Corcubión.
La mole inmensa de hierros azules de la fábrica enraizados en la mar delimita el lado contrario de la ría frente al pueblo.
El tremendo calor que el azote de Lorenzo provocaba hizo que no hiciera falta ágape alguno para que todos nos conectásemos en la dimensión de la energía zen de la histórica siesta ibérica.
Justo antes, admiramos apabullados los cuadros de los gráficos de algunos naugragios en la costa da morte...que el Señor nos coja confesados y el Corcubión nos ayude.
Nadal gana gentilmente su semifinal del Roland Garros y retomamos rumbo sur esta vez si, hasta Fisterra.
Venida directamente de Harvard City (como dicen los locales) o Albacete (como dice el resto), Ana "the skipper de secano" (pronúnciese la "o" como la "ou" de Nat King Cole) agarra la rueda con sensibilidad y jactancia para acto seguido horzar a morir cual cormorán en caida libre hacia su presa deprevenida.
La composición marinera "Ana, horza pero aguanta" ha entrado ya a formar parte de la historia musical del estas rías, sino de la mar océana en su conjunto. El coro del Maite impulsó con su interpretación y su poderoso churro digo chorro de voz el espíritu de nuestra heroína, que no se amilanó ni un ápice con el barco a siete nudos y regala en el agua sólo con el génova. Salve, Ana.

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