Quiero cerrar este blog que tantas alegrías rememora con el recuerdo emocionado de Carlos, el amigo de mi hermano Perico que tanto nos inspiró a todos con sus aventuras y pasión náutica y que ahora se ha ido a surcar mares más felices. Carlos ya se daba la vuelta al mundo a vela cuando las teles aún eran en blanco y negro. Siempre recordaré su narración de aquella vez hace ya varias décadas en la que cenando en un chiringuito de Cabo Verde donde se juntaban los navegantes que cruzaban el atlántico apareció una joven negra isleña que cantó con voz de plata frente al mar. La más pura voz que pudiera imaginarse fluía como una cascada del pecho de la joven, creando un momento mágico y eterno. Esa joven era Cesárea Évora. Un día no hace mucho yo crucé el atlántico a vela y rocé Cabo Verde. La maravillosa voz de la sirena negra todavía flotaba en el aire. Ahora el recuerdo de Carlos está con ella. Nos veremos pronto en la mar infinita, marinero!
domingo, 6 de junio de 2010
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Para Carlos y su mar:
ResponderEliminarPorque Carlos tiene el suyo y en el se ha refugiado para recordarnos que existe otra libertad.
¡Hombre libre, siempre querrás al mar!
El mar es tu espejo; contemplas tu alma
en el desarrollo infinito de su oleaje,
y tu espíritu no es un abismo menos amargo.
Te agrada sumergirte en el seno de tu imagen;
lo abrazas con los ojos y los brazos,
y tu corazón
se distrae en ocasiones de su propio rumor
al ruido de esta queja indomable y salvaje.
Lo dos sois tenebrosos y discretos:
Hombre, nadie a sondeado el fondo de tus abismos,
oh, mar, nadie conoce tus íntimas riquezas,
¡tan celosos sois de guardar vuestros secretos!
Y, sin embargo, durante innumerables siglos
os combatís sin piedad y remordimiento,
de tal manera amáis la matanza y la muerte,
¡oh, eternos luchadores;
oh, hermanos implacables!
El Hombre y el Mar. Charles Baudelaire