sábado, 5 de junio de 2010

4 besugos en el Maite




Compramos besugos y rape para un ejército a una señora que limpiaba su pescadito en la cuesta del puerto de Fisterra. En un galego cerrado efectúa una táctica comercial sin igual, enumerando las mil y una formas de cocinar y por ende paladear su fresco género.
Un rápido desayuno en puerto y ya estamos sorteando pesqueros partiendo rumbo Sur hacia nuestras rías baixas.
Un conjunto de colmenas vanguardistas con forma de cubo proyectadas hacia el mar en la ladera del acantilado conforman el cementerio del pueblo. No hay duda de que alguna meiga tenía amantes arquitectos por aquí...
Tras admirar el faro de nuevo esta vez desde el mar, nos adentramos en mar abierto para ganar barlovento y caer hacia el Sur.
Veinte nudos y olas al través de 3-4 metros juegan con el Maite cual cáscara de nuez. El día gris pero no frío, la mar oscura y poderosa y el barco abriéndose camino en un planeo contínuo conformaban una combinación apasionante, un día de navegación perfecto...eso si, fue necesario poner en práctica la mejor de las recetas de besugo para paliar algún problemilla de mareo que otro que rondaba por ahí.
El horno de gas dejó en su punto los pescados con su guarnición de rigor ante la algarabía general. Hasta Nacho se despertó al olor de la sardina...o del besugo, mejor dicho. Así que ahí nos encontramos, comiendo los cuatro besugos, en la mesa del Maite...y qué bien sabe el pescado cocinado en la mar!
Como no podía ser de otra forma, el cielo se abre a medida que perdemos latitud y nos acercamos a Sálvora y Ons. Los escarpados acantilados de la costa da morte dan paso a los más suaves perfiles del sur. Dejamos a estribor el faro del Picamillo con un sol de justicia y a un glorioso través, ya sin ola ni cabeceo. Nuestra skipper de Harvard muestra una sonrisa de oreja a oreja y vuelven los cánticos y bailes que tan bien nos definen como tripulación y marineros...
El cañón de Portonovo nos regala sus veintitantos nudos de racha para dejarnos justo en medio de un banco de arroaces enormes que esta vez si, juegan con nosotros. Estará el mítico Gaspar entre ellos? Ya sabéis, nunca le miréis a los ojos que puede resultar peligroso como un tiburón...vamos que se enamora de uno y no hay quien se lo quite de encima...
Atracar el Maite en Sanxenxo viniendo de Beluso es siempre un placer, hacerlo tras surcar el mar que abraza el confín de la tierra, una verdadera gloria. Se ha comportado como un velero aguerrido y suave a la vez, la más acogedora de las naves. Gracias Maite!

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